domingo, diciembre 11, 2011

Palabras.

Pintura de Caspar David Friedrich.

No saber qué decir siempre es un buen desayuno.
La espera más impaciente me convierte en una especie de desconocido para mí, que sólo quiere saciarse. Quiere comer, alimentarse. El conocimiento nos hace más ricos, y menos asustadizos. Y claro que los rayos del sol queman si los miras un buen rato fijamente, por eso hay que ser cauteloso, pero hasta la prudencia en exceso es mala.
Aun así, vomitar tiene sus cosas buenas.

Cada día parece repetirse al anterior. Esto no es nada nuevo y hay muchos ya que lo han visto, que lo han dicho, que lo han escrito, que lo han cantado.... pero ésa es la magia de esto... de esta indescriptible sensación de armonía que te entra cuando juntas las palabras adecuadas y no importa que ya se conozcan. Porque las palabras no tienen dueño.
Estas palabras no son tuyas, ni mías, ni de nadie, ni de todos.
Supongo que hacer público el sonido de las tripas no es que tenga demasiado encanto, pero así es. La libertad para mí reside en eso, en poder amplificar tus entrañas y salpicar suavemente al mundo con ellas, llenarlo con un poco de ti para hacerlo más vivo.
No importas tú, ni importo yo. Importan las palabras.
Las que uno calla, las que uno piensa, las que uno dice, las que uno trata de decir.

Hace varios días mi vida cambió por completo. Porque es así, en un segundo, en un sí, en un no, toda tu vida cambia para siempre.
Todos tus planes varían. Todos tus pilares se derrumban. Toda la luz se hace oscura y toda la oscuridad, de pronto, brilla. Y no lo hace por su ausencia, no es ironía, ni ninguna metáfora. Es la vida. Es vivir. Todo cambia y todo permanece para siempre.
Así que, como decía, hace varios días mi vida cambió y una palabra resonó en mi cabeza, de modo que sólo yo pudiera oírla. Era una palabra que ya conocía, que ya había escuchado.
Escribe. Ésa era la palabra.
No bajes la cabeza, escribe.
No miras al cuchillo, escribe.
No repitas los mismos versos de siempre, escribe.
Las palabras purifican el alma, pero también confunden.
La vida puede cambiar en un segundo y las palabras siguen siendo las mismas. Como los acordes de distintas canciones.
Do. Re. Mi. Fa. Sol. La. Si.
Con ellos se ha escrito la música.
Con entrañas y demás herramientas necesarias se ha escrito la vida.
Cada letra es una nota suelta, cada palabra es una melodía, cada silencio un volver a empezar.
Todo lo que quieras decirme tendrá que tener esa música que no se compone, que simplemente está.
Todo lo que quiera decir tendrá que estar sujeto a mis entrañas.
Cada palabra sabe donde colocarse por sí sola.
Ellas tienen el poder de reducirnos a la nada y elevarnos a la cima, y en mitad de la tormenta nos refugian, y lleno de soledad nos acompañan.

La vida cambia en un segundo y las palabras nos recuerdan que no somos más que ellas.

1 comentario:

  1. Seguro que ya sabes eso que escribió Capote: "When God hands you a gift, he also hands you a whip; and the whip is intended for self-flagellation solely". Tú tienes un don... y ese don es también tu látigo. Sólo nos falta aprender a utilizarlo. Además, el amor lo inventó un escritor, eso lo tenemos ganado ;) Me gusta leerte.

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