sábado, diciembre 17, 2011

En esta rueda nada es mecánico.

No te digo más.
El viento sabe de qué estamos hablando,
si todo pasa por algo será que nada es mecánico.

Primero son los azotes y el llanto,
pero de algún modo escuchas la risa,
sientes la energía de aquellos que están cubiertos de lágrimas
por verte.
Existes,
eso es suficiente para hacer feliz.

Después descubres el suelo, y te arrastras por él,
y te ensucias de barro, y te ríes
de todo eso
que no entiendes.

Luego quieres comprender,
saber
por qué pasa lo que pasa,
tratas de estar a la altura,
pero las pelotas mandan.

Todo cambia con el paso de las agujas del reloj,
lo que te rodea se desvanece,
y ves,
por primera vez ves,
y te lamentas,
y sientes que ahora
por fin
comprendes.
Fotografía: Charlie Chaplin en Tiempos Modernos.
Pero luego
te das cuenta de que no.

El final ya nos lo sabemos
aunque nadie lo sepa.

No te digo más.

domingo, diciembre 11, 2011

Palabras.

Pintura de Caspar David Friedrich.

No saber qué decir siempre es un buen desayuno.
La espera más impaciente me convierte en una especie de desconocido para mí, que sólo quiere saciarse. Quiere comer, alimentarse. El conocimiento nos hace más ricos, y menos asustadizos. Y claro que los rayos del sol queman si los miras un buen rato fijamente, por eso hay que ser cauteloso, pero hasta la prudencia en exceso es mala.
Aun así, vomitar tiene sus cosas buenas.

Cada día parece repetirse al anterior. Esto no es nada nuevo y hay muchos ya que lo han visto, que lo han dicho, que lo han escrito, que lo han cantado.... pero ésa es la magia de esto... de esta indescriptible sensación de armonía que te entra cuando juntas las palabras adecuadas y no importa que ya se conozcan. Porque las palabras no tienen dueño.
Estas palabras no son tuyas, ni mías, ni de nadie, ni de todos.
Supongo que hacer público el sonido de las tripas no es que tenga demasiado encanto, pero así es. La libertad para mí reside en eso, en poder amplificar tus entrañas y salpicar suavemente al mundo con ellas, llenarlo con un poco de ti para hacerlo más vivo.
No importas tú, ni importo yo. Importan las palabras.
Las que uno calla, las que uno piensa, las que uno dice, las que uno trata de decir.

Hace varios días mi vida cambió por completo. Porque es así, en un segundo, en un sí, en un no, toda tu vida cambia para siempre.
Todos tus planes varían. Todos tus pilares se derrumban. Toda la luz se hace oscura y toda la oscuridad, de pronto, brilla. Y no lo hace por su ausencia, no es ironía, ni ninguna metáfora. Es la vida. Es vivir. Todo cambia y todo permanece para siempre.
Así que, como decía, hace varios días mi vida cambió y una palabra resonó en mi cabeza, de modo que sólo yo pudiera oírla. Era una palabra que ya conocía, que ya había escuchado.
Escribe. Ésa era la palabra.
No bajes la cabeza, escribe.
No miras al cuchillo, escribe.
No repitas los mismos versos de siempre, escribe.
Las palabras purifican el alma, pero también confunden.
La vida puede cambiar en un segundo y las palabras siguen siendo las mismas. Como los acordes de distintas canciones.
Do. Re. Mi. Fa. Sol. La. Si.
Con ellos se ha escrito la música.
Con entrañas y demás herramientas necesarias se ha escrito la vida.
Cada letra es una nota suelta, cada palabra es una melodía, cada silencio un volver a empezar.
Todo lo que quieras decirme tendrá que tener esa música que no se compone, que simplemente está.
Todo lo que quiera decir tendrá que estar sujeto a mis entrañas.
Cada palabra sabe donde colocarse por sí sola.
Ellas tienen el poder de reducirnos a la nada y elevarnos a la cima, y en mitad de la tormenta nos refugian, y lleno de soledad nos acompañan.

La vida cambia en un segundo y las palabras nos recuerdan que no somos más que ellas.

sábado, diciembre 10, 2011

Bienvenidos.

La primera entrada siempre es la más difícil
porque
el empeño absurdo
de tratar
de explicar
algo
que aún está por ver qué es,
no tiene sentido
así que simplemente,
bienvenidos.

Fotografía de Chris Anthony.