jueves, febrero 21, 2013

Ángeles.


Ocurre que aunque no te busque,
te encuentro.
Porque estás en cada gota de lluvia que cae,
y en cada espina del cactus que adorna mi vida.

Casi como una ilusión óptica,
donde no existe tiempo ni espacio,
te siento tan cerca y tan lejos
como siempre.
Y vuelvo a ser un niño
que te escucha cantar por Machín,
y navega en tus canas teñidas
mientras sueña iluso que la vida
será siempre así.

En mis noches te siento a mi lado,
tan ángel como tu nombre:
Ángeles.
Ya destinada a ser quien eres
desde antes de ser.

Oh, abuela,
allá donde te halles,
recuerda
que tu corazón sigue latiendo
dentro de mí. 

jueves, diciembre 27, 2012

Nuestro propio Cosmos.


Galacidalacidesoxyribonucleicacid, Dalí.
















Puedo echarte de menos
como si hubiese acabado el mundo.
Y también puedo
sentir como me hundo
al colocar
mis pies en el asfalto
(de barro y de fuego)
mientras grito a la vida un: olé
por hacer todo
tan jodidamente perfecto.

No queda más que deslizarse
y cerrar puertas que ya
nunca se abren.
No queda más que comernos los ojos
a través de los astros
y bebernos el sol,
siempre de un sorbo.
No queda más que escondernos
de las sombras,
en el centro inmenso de la luz
que nos llega en los sueños,
que nos crea y nos recrea
a través de los versos,
a través de la lluvia,
a través de la suave voz del viento.

Así que como digo,
nada es tan importante
como besarnos justo
en ese instante
en el que todo acaba
para empezar de nuevo,
para colgar la vieja vida en un perchero.
Tus labios pueden ser
los de siempre u otros
pero los besos
siempre serán los besos,
esos que dicen tanto
cuando tocan por dentro
y funden en misterio
un universo inverso.

Y puedo echar de menos
toditos tus lunares,
pero es que también puedo
vivir en carnavales
constantes y cantantes,
conscientes y candentes
de fuego purificador
que recuerda que el mundo
siempre sigue girando
y nosotros en él,
siempre buscando algo.

No queda más que distraerse
con el sol y la luna,
y empezar a crecer
con esa distracción,
aprender a volver
a los orígenes,
y desde ahí soñar
como si cada sueño
fuese siempre el primero
(porque lo es)
y nunca fuese el último
porque el tiempo no existe.

Es tan sólo un pastel
que comemos en orden
para no atragantarnos,
pero allí (desde Sirio)
saben bien
a qué sabe el pastel
que comimos ayer
o que, tal vez,
comeremos mañana.

No queda más que andar
volando a ras del suelo
y limpiando el terreno
con nuestras bellas alas
que casi nunca vemos
porque sí, están detrás,
y somos como somos,
siempre mirando alante
nos falta el angular
y nos falta girar
hacia todos los lados,
hacernos siempre un zoom
para luego alejarnos
y dejarnos flotar
y captar el momento
que el recuerdo se las sabe todas
y en mitad de ese enredo
que a veces suena injusto,
él nos alisa el pelo
casi del susto.

Puedo echarte de menos
como si nunca hubiera
vivido
mi propia vida
fuera de ti,
pero es que también puedo
mirar mis tatuajes
los de fuera y de dentro,
y vivirme despierto
descubriendo el instinto
que en su día
me llevó hasta los brazos
del destino.

No queda más que vernos
a través de los ojos de un Dios
que sepa amar sin miedo.
Cada uno tiene el suyo,
pero el mío
tiene forma de árbol
y canta como un colibrí,
vuela siempre descalzo,
y nada como un delfín
me piensa siempre en verso
para darle sentido
a todo el sinsentido
que habita en mí.

No queda más que admitir
que cada uno de nosotros
somos nuestro propio Cosmos.


miércoles, noviembre 28, 2012

Algo está pasando.
















Snow Storm, de William Turner.


Algo está pasando en el aire
que mis huesos se agrietan y silban
melodías que nunca he escuchado
como si me avisaran de algo
que siempre ha ocurrido
pero que nunca he visto.

Los susurros que suenan
dentro de mi cabeza
(y no creo en la locura)
debe de ser el viento
que se traga palabras
y se las va llevando
alrededor del mundo
para que nadie olvide
que estamos conectados
a través de misterios,
a través de secretos,
que brillan allí arriba.

Algo está pasando en el aire,
el Cosmos nos bendice
y hasta nos agradece
tanta duda.

Sólo que no lo vemos,
nos falta entrenamiento,
y aunque sí lo sentimos
(que nadie más se engañe)
nunca nos explicamos
esa punzada,
ese escalofrío,
esa certeza
de que todo es lo mismo
bajo un punto de vista
siempre distinto.

Algo está pasando en el aire
que el alma bien lo nota,
y se arroja a la orilla
de todo nuestro llanto
y recoge los restos
de la sal que tiramos.


lunes, octubre 22, 2012

Todas sus bendiciones.


Se cansó el pesimismo del pesar
y la pereza de pasar de todo,
ahora empiezan los discursos a sonar.
Haré como que lloro.

No divulgo la palabra a mi favor,
ni contengo aquello que más me carcome,
sólo busco en tus ojos el valor
de frenar lo que yo nunca freno.

No castigues los pecados
de quien no fue pecador,
no camufles a soldados en la guerra.
No confundas las palabras
que algún día dije yo,
escondido como sombra en las trincheras.

Dejo que hable a través de mí
el miedo y son sólo palabras.
Pero hay algo más que ni siquiera
entre susurros se escapa.

Shhhh, olvida todo lo que he dicho.
Desvive lo vivido
y date cuenta
de cuán grande es la piedra
que aplasta toda idea
que vive en mi cabeza.

Si tú y yo somos lo mismo,
estás en malas condiciones.
Si tú y yo somos lo mismo,
agradezcamos al destino
todas sus bendiciones.

jueves, septiembre 06, 2012

Soñar

El sabor del llanto que ya apenas recordaba se me queda amarrado en la garganta,
va buscando un barquito para nadar en ella y llegar a buen puerto antes de que sea tarde.
La noche, aun de día, no niega su existencia,
me pierdo entre recuerdos de cosas que no existen
y me caigo al vacío de la incoherencia.
Valor innecesario cuando menos falta hace para llevar la cabeza sobre los hombros, ¿dónde estás?
Estúpida elocuencia delante del espejo, cuando en la soledad, uno no se cree nada.
Hablo por mí.
Palabras y palabras y palabras.
Me cuelgo de mis sueños y me hago una almohada con ellos.
Primero reposo mi cabeza sobre ella, y luego la utilizo para asfixiarme y demostrarme cuán terrible puede ser un alma disfrazada de arma.

Eso es lo delicado de soñar...


miércoles, enero 11, 2012

Alguien más.

Pintura de Francis Bacon.

A veces me pregunto
si mi vida
no será más que el sueño
de algún tipo,
cuya vida es el sueño
de alguien más.
Y que,
yo,
en mis sueños,
sueño con él.
Y entonces voy directo a la katársis-paradoja-delirio de mi abstracta mente,
en la que veo
a más de uno y más de una
conocidos y conocidas por mí,
ya de sobra,
saludando,
detrás del espejo,
mirándome a los ojos fijamente,
y gritándome,
con fervor y alevosía,
que despierte.
Y yo digo que no,
porque en ese extraño sueño
en el que me hallo
encuentro la respuesta
del soñador que sueña con el que me sueña,
y lo comprendo todo:
el sentido, la función, el cómo y el por qué.
Pero siempre despierto,
y todo me parece tan real
y tan falso a la vez
que siempre me descubro
preguntándome
si mi vida
no será más que el sueño
de algún tipo,
cuya vida es el sueño
de alguien más.

Melancolía. (Déjame que delire.)

Pintura de Edvard Munch.

Déjame abrirte los chakras con un beso,
o dos.
Pero no me pidas que me arranque los lunares.

Déjame que te ame
como si fuéramos los sueños
de un loco que navega sin rumbo
por un mar inmenso.

Déjame que delire
y no me pidas que te explique
cuánto o cómo o por qué,
si nada es tan gris como los ojos del vacío
que llora si no tiene alas
para quemarlas cerquita del sol.

Déjame que me quite la espina
de escribir sin morderme las uñas,
que la lengua la tengo muy larga
porque tengo complejo de sapo.

Déjame que vacile y que dude,
pero no me dejes caer.

Déjame que me exceda en tus vicios
y que cuelgue en tu percha mi abrigo.
Recordemos que vale la pena
vaciar los bolsillos
y llenarse la tripa
de versos, saliva, caricias y aromas.

Déjame que me ponga nostálgico
y le lance una piedra a la luna,
y me olvide de toda poesía,
y me ría de la vida,
de la noche y del día,
y me fume en cachimba tus besos,
y me quite el sombrero por ti.

Déjame que te cuente secretos,
pero no me pidas que no vuele,
que sin ti los zapatos se agrandan,
los cordones se anudan,
y la tierra se bebe mi sangre.
Que las alas me saben a gloria
si me lanzo sin paracaídas
para verte dormir.

Déjame que recapacite,
pero no me pidas que resuma,
que la historia la entiende quien quiere,
y quien no,
que se venga conmigo.

Déjame que termine este verso,
pero no me pidas que me calle.
La melancolía me hace decir demasiadas cosas.